Estaba empezando a pensar que finalmente tenían la muerte encima y que era preciso buscar un sitio para esconderse donde no pudiera encontrarlos. La hierba era tan alta como una casa, y el hombre guio a sus hijos entre los anchos tallos. El olor fresco de la maleza lo llenaba todo, y entraba con tanta intensidad en sus fosas nasales que le producía una sensación de mareo. En otra ocasión incluso le hubiera parecido un aroma placentero, pero en aquellos momentos lo aborrecía hasta la náusea. A lo lejos, oyó unos pasos retumbantes que se acercaban con sorprendente rapidez. Sus hijos gritaron de terror, y él hizo todo lo posible por calmarlos. Mientras corría desesperado, empujando a los hijos mayores y llevando al pequeño en brazos, reparó en un agujero que algo había practicado en el suelo. Guio a sus retoños hasta la entrada del boquete y se internó en su interior. Cuando comprobó la seguridad del lugar, permitió que sus pequeños entraran. Luego esperó a que los atronadores pasos se ac...